martes, 9 de junio de 2009

Blog de Sergio Ramírez
VI. ESTADO DE GRACIA
Con todo lo anotado en las entregas anteriores, sólo quiero decir que la buena literatura, la literatura de autor, es antes de nada una literatura de complacencia propia, la que se escribe por amor incondicional a la literatura misma, y sólo tiene compromisos con ella, que es una deidad autosuficiente. Y esa complacencia, la infinita satisfacción de entrar en el estado de gracia que es escribir, está compuesta, por paradoja, de muchos dolores. Sólo gracias al dolor se entra en el estado feliz de la gracia, y sólo en estado de gracia se produce el encuentro con la epifanía.
El dolor de la soledad, de las horas sacrificadas a la escritura, aún el dolor de espaldas por las horas pasadas frente al teclado, el dolor aburrido de corregir una y otra vez lo escrito, el dolor de la duda acerca de si lo que hemos hecho vale la pena o hay que tirarlo hecho trizas al cesto de la basura, el dolor del miedo frente al que dirán acerca de las páginas recién terminadas, el dolor de la incertidumbre cuando el paquete postal que contiene la novela que al fin está acabada, se va hacia las manos del editor en cuya gracia se confía, o a las manos del jurado de un concurso donde hay otras decenas de novelas.
Pero no debe existir la duda de que el oficio literario está en cada uno de los actos que lo componen, y en cada uno de los sentimientos y convicciones alrededor de él, el primero de ellos, que un libro terminado es el fruto del trabajo a fondo, y no del apuro ni de la improvisación.

No hay comentarios: