miércoles, 1 de mayo de 2013

Capítulo 12

Los encuentros ocurrían en un bar de La Recoleta.Yo trataba de llegar antes, porque conociendo la velocidad de Pino,sabía que no tendría tiempo de revisar el grabador,abrir el cuaderno o sacar una lapicera ,mucho menos de pedir un café o encender un cigarrillo.Desde la puerta del bar (casi antes de entrar)con tono agitado y nervioso él arrancaba:¿te conté lo de...?
En las horas que duraban nuestros encuentros, él lanzaba casi catárticamente sus recuerdos y pareceres,y yo escuchaba afanosamente porque comenzaban a abrirse puertas que me trasladaban a otro mundo.El abanico se abría y fascinada descubría que siempre una lectura tiene otra, que es otra historia y así ,sucesivamente.
Descubrí que sólo podía detenerme en fragmentos que me disparaban algo,ver bajo mi propia lupa,lo que seguramente pasaría a ser otro relato.
En el bar estábamos tan ensimismados en los cuentos que ni siquiera mirábamos al mozo para pedirle agua mineral u otro café,simplemente lo decíamos y el buen hombre tenía que entender y guardarse sus entrenadas buenas formas.
En aquella época hacía mucho frío en Buenos Aires,recuerdo que atravezamos varias tormentas que nos dejaron empapados antes de llegar al auto,igualmente Pino me cantaba alguna canzonetta o yo le hacía escuchar alguna nueva canción (por supuesto italiana)que había descubierto en esos días y me erizaba la piel.

No hay comentarios: